No somos demasiado conscientes o a menudo lo olvidamos, pero el derecho a participar en la vida cultural está reconocido en la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 en su artículo 27 y en el Pacto por los derechos Económicos Sociales y Culturales del año 1966 en su artículo 15.

Podemos debatir mucho sobre las virtudes y defectos de la Declaración Universal de Derechos Humanos pero, por ahora, es el único documento de consenso en el que podemos fundamentar un ejercicio de convivencia global. Un detalle significativo: según el Libro Guinness de Récords, en 1999 la DUDH era el documento traducido a más idiomas del mundo (518 en 2018).

Que la cultura esté incluida en el documento es relevante, sobre todo porque como señalan los juristas, todos los derechos reconocidos en la Declaración son indivisibles e interdependientes: es decir que en la práctica, la violación de un solo derecho incide directamente en otros derechos. Conviene tenerlo presente cuando hablamos en términos de dualidad entorno a la salud o la cultura.

El derecho a participar en la vida cultural está siendo evaluado desde el año 2009 por la figura de la relatora especial de las Naciones Unidas Karima Bennoune. En su último informe esta experta señala que el poder transformador del arte y la cultura radica en la naturaleza de la experiencia estética, que liga las facultades cognitivas con los sentidos y las emociones, una cuestión central para poder aprender, reflexionar, experimentar y aceptar la complejidad. La práctica artística y cultural implica crear significados y genera empoderamiento y, por ello, tiene mucho que ver con el resto de derechos fundamentales.

En Cataluña, el pasado día 21 de enero se presentaba públicamente el Plan de Derechos Humanos, liderado por el Síndic de Greuges y el Instituto de Derechos Humanos. De momento se trata de un documento previo de análisis de la situación a partir del cual se abre una etapa de debate y construcción colectiva de la propuesta final que será sometida a la consideración del Parlamento y del Gobierno de Cataluña.
En el año 2004 en Barcelona, INTERARTS coordinó un primer gran encuentro internacional sobre derechos culturales que generó impactos relevantes y abrió una vía política en las agendas globales que ya no tiene marcha atrás. Celebramos que se ponga ahora en marcha este Plan de Derechos Humanos en Cataluña e invitamos al sector a participar con determinación y convicción.

Las políticas culturales del futuro, tanto en el ámbito local como de relaciones internacionales, deberán estar fundamentadas en los derechos humanos. Sólo así, superaremos las tradicionales lógicas partidistas que hicieron inviable, por ejemplo, el pacto cultural del año 1985 y lograremos defender seriamente, como individuos y como sociedad, la libertad para ser quien queremos ser, preservar la memoria que nos interese colectivamente, imaginar otras formas de estar en el mundo y no dejar a nadie atrás a la hora de poder opinar, decidir y expresar las ideas y sentimientos a través de todos los lenguajes creativos que nos definen como personas.

Tenemos derecho a la música, a la poesía, al teatro, a la belleza y la crítica, al conocimiento científico racional y a las emociones. Tenemos derecho a crecer a través de las historias que nos contamos para garantizar la perdurabilidad de la especie humana.

Gemma Carbó, presidenta del Patronato de la Fundación Interarts